Belleza Edición impresa1 March, 2019

El arte del empaque

Para la diseñadora Alina Wheeler, especialista en identidad de marca, el diseño es «hacer visible la inteligencia». En el mundo de la belleza esto se sabe desde hace tiempo por lo que además de invertir en investigación y desarrollo científico las marcas impulsan el savoir faire de los diseñadores que crean los envases de los preciados elíxires que nos embellecen. Este es un breve repaso de cómo han evolucionado estas muestras de arte, inteligencia y funcionalidad.

Chanel No.5; Chanel, 1921
Coco Chanel imaginó el potencial de crear memoria más allá de la visual. Su apuesta fue crear una fragancia que superara los obvios tonos florales existentes y que estuviera en sintonía con sus prendas: elegante, atemporal y clásica. Así, se convirtió en la primera diseñadora de modas en crear un perfume completamente artificial, con un complejo aroma que huele solo a sí mismo. Inspirada por un manuscrito de la perfumista de Catherine de Medici, Coco Chanel logró crear el perfume más vendido de todos los tiempos. Libre de ornamentos, con solo las palabras «No.5», «Chanel», «Paris», la botella es epítome del modernismo. Casi 100 años después permanece visual y olfativamente en nuestro imaginario.

Lipstick; Elizabeth Arden, 1940
Pocos símbolos como los labios rojos representan a la mujer independiente desde que en el Red Door Spa de la Quinta Avenida, que abrió Elizabeth Arden en 1910, se distribuyeron lipsticks a las mujeres que protestaban por el derecho al voto en 1912. Siendo la primera en trabajar con un químico, en crear una base para igualar tonos de piel y en producir productos de tamaño viajero, Arden cambió para siempre el aspecto de la mujer. Cinco años después de una patente del lipstick giratorio, diseñó el propio comercializándolo desde 1920 con sus sugerentes tonos. Montezuma Red se convirtió en uno de los poderosos labios rojos de la mujer en acción durante la Segunda Guerra Mundial, tan ‘temibles’ que hasta fueron prohibidos por Hitler en audiencias con él. Una sutil y portátil arma femenina que embellece al tiempo que empodera.

 

 

Polvo compacto con espejo; Stratton, 1948

La historia contenida en este objeto es compleja y rica. Históricamente, el uso de polvo estuvo al servicio de las connotaciones de belleza de la prolongada época en donde el rostro pálido era el estándar estético ―aunque a veces significara la muerte por lo venenoso de sus sustancias―. Pero hoy, además de ser reconocido como corrector, es un elemento práctico que evita el cutis grasoso. De manera adicional al polvo, en el contenedor siempre esperamos un espejo, un objeto que suma simbolismos a los ya contenidos en este producto compacto ―tan solo pensemos en el origen de la palabra narcisismo…—. El empaque de polvos que ‘se abre solo’, patentado en 1948 por la compañía inglesa Stratton, reforzó su practicidad y portabilidad. La posibilidad de tener en la palma de la mano un espejo y polvo a la vez, es epítome de la democratización de la belleza.

L’Eau d’Issey; Issey Miyake, 1997
El empaque se vuelve el elemento crucial. La industria del perfume ofrece a las marcas de moda la posibilidad de explorar su propia estética y cualidades en otros formatos, a la vez que les ayuda a diversificar su mercado y, en muchos casos, a financiar a su producción de moda. La fuerte forma escultural de L’Eau d’Issey, reforzada por el vidrio esmerilado en una dramática forma piramidal, es coronada por con un collar metálico y un círculo que evoca una gota de agua. Como lo describe la marca, el diseño es «accesible a la vez que es universal, sin perder nunca el sentido de asombro». Este riguroso acercamiento minimalista, alineado a la particular
visión japonesa de la moda y styling de la marca, ha hecho de este contenedor del agua de Miyake un objeto atemporal.

The Body Shop, 1976
No siempre el contenido y el contenedor responden al mismo ideal. Pero para The Body Shop, la tienda pionera de productos cosméticos naturales, esto es fundamental. Su visionaria fundadora Anita Roddick creó productos con ingredientes naturales y propuso anticipadamente un filosofía de reuso, relleno y reciclado en una industria basada en el consumismo y desecho desmedido ―la octava (manufactura química) y novena (manufactura de productos) industria más contaminante.

The Body Shop instauró una estética con una postura ecológica y ambientalista, que hizo a la marca diferenciarse cuando otros no pensaban en esto. Dio la vuelta a la publicidad glossy, impuso el empaque mínimo y, sobre todo, mantiene con rigor la promesa del interior en sintonía con su exterior.

Sisley, muestras en sachets, años 70.
El diseño de empaque cambia más rápido que los productos mismos. Además de su imagen, el material y su ciclo de vida antes y después de ser usados han sido una preocupación. Contenedores como los pouches nacieron en los 70 para ahorrar peso, espacio y material. El avance tecnológico ha sido crucial para este desarrollo.

En 1950 el cellophane era el único material para empaques flexibles, décadas después los laminados abrieron el camino para empaques de comida y belleza. La marca francesa que gracias a la phyto-cosmetología ha tenido fama mundial, se caracteriza también por el avance tecnológico en sus contenedores. Ejemplos como las elegantes pero discretas muestras en sachets de Sisley, fundada en 1976 por Isabelle y Hubert d’Ornano (hijo de uno de los fundadores de Lancôme), se han convertido en el estándar esperado en cualquier compra de cosméticos.

Muji, 1980
Paradójicamente esta compañía «sin brandeo» ha logrado lo que el branding ha prometido a las marcas. Fundada en Japón en 1980, su éxito ha estado en balancear su filosofía y estética igual en una cuchara que en una casa. Kenya Hara, director artístico de Muji es la mente detrás de su estética simple que se ha convertido en sinónimo de diseño contemporáneo japonés.

Además de cuestiones visuales y funcionales como el uso de colores neutros, empaques sin logo y productos útiles y atemporales, Mujirushi Ryohin (que en español significa ‘productos de calidad sin logo’) promueve cuestiones más de fondo. Una gran oferta de envases vacíos para ser rellenados con productos de belleza y una filosofía de vivir y viajar ligero son propuestas simples que pueden cambiar de manera radical nuestros hábitos de consumo.

Aesop, 1987
Gesamtkunstwerk (obra de arte total), el concepto que Mahler definió para la unión de las artes en una sola obra podría también definir los ambientes totales de Aesop. Materiales al natural y diseño mínimo envuelven el diseño de interiores, de producto y de empaque. Tipografía sobria, negro sobre beige, frascos de vidrio ámbar y tubos de metal dialogan con madera, piedra, concreto aparente o metal en sus interiores ejecutados por distintos diseñadores ―la arquitecta mexicana Frida Escobedo ha diseñado dos de sus tiendas.

El hilo conductor de la marca australiana conecta visualmente a sus productos con el espacio en donde se exhiben y así, de manera natural, se refuerza la calidad de sus ingredientes y el beneficio de su contenido.

 

Bajo el signo de una alquimia verde

Espejito, espejito