Lifestyle22 April, 2019

En busca de la relajación perdida

La industria del bienestar mueve millones: mientras se multiplican las opciones para relajarnos,
estamos dispuestos a gastar cada vez más en servicios de spa que nos permitan alcanzar algo
cercano al estado alfa.

—Milagros Belgrano Rawson

Ojo de Liebre, spa en Los Cabos.

Masajes, pulidos, envolturas en algas y ungüentos, zambullidas en agua helada o con sal, chorros hirvientes, vapor húmedo o seco, golpeteos en músculos adoloridos, cremas faciales y
corporales, sin contar con lo último en láser y ultrasonido… La lista de tratamientos que hoy ofrecen los spa es prácticamente infinita, casi tanto como los dólares que mueve el mercado del bienestar, valuado en 4.2 miles de millones de dólares, según la ONG The Global Wellness Institute. Solo este dato ilustra de forma elocuente la importancia que hoy casi todos damos a las experiencias de bienestar o a lo que contribuya a nuestra salud física y mental, sin médicos de por medio —cuando no los necesitamos, claro—. En este frenesí por alcanzar un ansiado estado alfa, el término ‘SPA’ se ha desvirtuado. Así, cualquier espacio con camilla y música lounge hoy recibe este nombre… Lo cual es un malentendido, advierte Bonnie Baker, antropóloga estadounidense que se dedica a diseñar áreas de bienestar en hoteles de lujo —del hotel Cartesiano, en Puebla, por ejemplo—. «El término se origina en el latín salutem per aqua y alude a las maneras en las que este líquido vital puede curar, con aguas termales, infusiones de hierbas y baños de contraste, por mencionar algunos ejemplos. El hecho de que el cuerpo esté compuesto por más de un 70 por ciento de H2O se traduce en que la mayoría de tratamientos busquen la “salud por el agua”», explica Bonnie. «Pero para llamarse así un spa debe de tener alguna hidroterapia», coincide, por su parte, Dariela Roa Pernía, directora del spa del hotel Solaz en Los Cabos, que además de talasoterapia, ofrece cromoterapia, algo inusual en los centros holísticos de México. «Es verdad que la palabra se ha comercializado mucho, pero creo que cualquier lugar que se autodenomine así termina cumpliendo con su objetivo, que es procurar el bienestar», agrega. Mientras, para Bonnie Baker, este vocablo de origen latino es en realidad la punta del iceberg de un cúmulo de prácticas que «promueven un estado de salud y que también crean una economía alrededor de este enfoque».

Hiperespecialización
El término ‘economía’ no es inocente: la industria del bienestar no solo mueve millones, sino que
beneficia a rubros asociados, como el turismo de salud o los desarrollos inmobiliarios, mientras
su maquinaria tiende cada vez más hacia la hiperespecialización. Esto implica que quienes acudimos a un spa podamos elegir el que mejor se adecúe a nuestras necesidades. Así, existen los ‘de día’ y los destination, ubicados en resorts alejados de centros urbanos y cuyos programas intentan mejorar ciertos hábitos. También están los spa médicos, cuyos límites son claros: «cuando reconocemos que para atender una patología se requiere primero de un tratamiento médico especializado, el spa puede servir como coadyuvante en los procesos de curación», indica Gladys Paguaga, de DermaDF, clínica dermatológica que también cuenta con un moderno spa en la Ciudad de México.

Terraza de Amomoxtli en Tepoztlán.

En todo el rosario de opciones existen también los spa holísticos, que buscan «bajar el estrés impulsando una respuesta nerviosa parasimpática», explica Bonnie Baker. Mientras los spa médicos «se enfocan en la resolución de problemas de salud a través de una relación más pasiva con el paciente, un spa integral ofrece programas de prevención en las que el huésped se encarga activamente de su bienestar a largo plazo», gráfica la antropóloga.
Por otro lado, una tendencia que va en aumento es el contacto cada vez más cálido con el cliente, por parte de los terapeutas. «Cada masajista que se une a mi equipo debe entender que el cliente se está entregando en un acto de intimidad muy profundo», explica Heliane Santana, directora del spa del hotel Amomoxtli, en Tepoztlán. Suerte de refugio del caos chilango, su spa recibe a diario habitantes de la Ciudad de México que llegan estresados y ansiosos después de una hora y media en la carretera. «Los beneficios físicos del masaje son claros, pero cuando además lo haces con caricias y cosquillas, no solo movilizas los sentidos y el sistema nervioso, sino que mueves energía y sentimientos. Mucha gente termina llorando en la camilla», cuenta Heliane.
También explica que si la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) avanza en su proyecto para regular los masajes y prohibir que se manipulen zonas
como glúteos, abdomen y pecho, los clientes perderán la oportunidad de recibir un masaje
integral pensado para cada punto del cuerpo humano.
Sobre todo este abanico de experiencias tan disímiles entre sí sobrevuela el rótulo ‘lujo’,
«término subjetivo, ya que lo que es lujo para uno puede no serlo para otra persona», opina
Bonnie. Si antes se describía al lujo «en términos materialistas, ahora éste se refleja en temas
como servicio personalizado y experiencias». Un spa puede ganarse esta clasificación «por el
nivel de sus amenidades», admite, pero también el lujo hoy se relaciona con la ecología: «no se
trata de gastar, sino de optimizar recursos». Además el lujo puede relacionarse con experiencias
que no necesariamente tengan que ver con el precio de sus servicios o incluso la originalidad de
los mismos, sino con la distancia o dificultad en acceder a ellos. Así, la visita a un sento —baño
público en Japón— o a un hamam turco, puede convertirse en una experiencia de alta gama para el occidental que viaje miles de kilómetros dispuesto a vivir aventuras de este tipo.

Ryokan en CDMX

Tendencia comunitaria
Kilic Ali Pasa Hamami es tal vez el hamam más reputado de Estambul. Fundado en 1580, ha
funcionado de forma ininterrumpida, salvo entre los años 2005 y 2012, cuando estuvo cerrado
por renovaciones. «No es un spa. Para los turcos, el hamam es una costumbre social vinculada
con la salud, la limpieza y la relajación», nos cuenta Nilüfer Şahinler, su encargada de comunicación. Para los extranjeros, la primera vez es toda una experiencia, concede. «Nuestros
empleados hablan inglés y son muy experimentados en el arte de tallar, pasar espuma por cada

Sauna no Umeyu

rincón del cuerpo y terminar con el lavado de pelo». Tiene claro que para un occidental este
ritual puede resultar chocante: se trata de desnudarse frente a extraños bajo un domo tapizado de azulejos y entregarse a las manos entrenadas de un empleado que, en silencio, lavará y enjuagará nuestras partes más íntimas. Aquí, la división entre los sexos es tajante: entre las ocho y las 16, solo pueden bañarse ellas, un horario absurdo si se piensa que en ese país muchas mujeres trabajaran hasta altas horas de la noche y fuera de la casa. Desde las 16.30 en adelante, los baños son territorio masculino. Los tatuajes están permitidos, algo prohibido en cualquier sento u onsen —baño termal japonés—. «Se los relaciona con la mafia japonesa», explica Regina Galvanduque, arquitecta que diseñó Ryo Kan Mx, en la Ciudad de México. Al frente de un despacho de interiorismo, tuvo carta blanca para concebir este oasis nipón en medio del caos capitalino. Apasionada por Japón, Regina pensó a este hotel como un refugio para ejecutivos que buscaran una alternativa a la fórmula «alcohol y fiesta» para ‘despejarse’. Así, recreó un onsen en el que los viajeros pudieran «relajarse luego de un día de trabajo o una excursión a Teotihuacán». A tono con la tendencia de los onsen urbanos, sin acceso a aguas termales naturales, se recurrió a grandes tinas individuales ubicadas en la azotea. Quien requiera este servicio, llega con su yukata, bata japonesa que en este caso ha sido confeccionada con mantas mexicanas. Frente a una tina humeante —hay que aguantar el agua casi hirviente—, se ubica un carrito con sales minerales y jabones con perfume de té blanco. Si el clima lo permite, el techo retráctil se abre y la música suave hace el resto del trabajo, mientras uno se entrega al más puro dolce far niente. Hay quienes piden sake para tomar en la bañera, pero no se aconseja combinar alcohol con temperaturas elevadas. Otra tropicalización de este onsen es que aquí nadie se desnuda en público, como se acostumbra en Japón. En Asia la gente se enjabona sin pruritos, sentada en banquitos, pues la idea es entrar al onsen limpios, sin contaminar el agua que usarán los otros. En definitiva, esta experiencia es, ante todo, algo para realizar en grupo, preferentemente entre amigos o familiares.

El hostal Tullin en Finlandia

Al igual que en Japón, en Finlandia la palabra spa solo remite a masajes o tratamientos estéticos
y los saunas son otro cantar: «Una verdadera experiencia comunitaria», cuenta Mia-Maria Koski,
al frente de Tullin Sauna, a 178 kilómetros de Helsinki. Si bien en ese país existen otros establecimientos que combinan sauna con gastronomía, Tullin destaca porque, además de restaurante y bar, tiene espacios de coworking y hotel. «El sauna es vital para los finlandeses.
Somos 5.5 millones, y tenemos cerca de tres millones de saunas», revela Mia. Antiguamente, los
saunas se usaban para facilitar los partos, preparar a las novias, curar enfermedades y purificar
los cuerpos antes del entierro. Hoy, a sus beneficios terapéuticos se suma lo social e incluso, a
tono con la idiosincrasia escandinava, lo democrático. «Porque en un sauna te quitas la ropa, los
títulos y los roles: todos somos iguales», describe Mia. «En Finlandia, no existen las jerarquías y
creo que eso se debe, en parte, a la cultura del sauna público». Otro atractivo es que en estos cubículos la gente charla y se divierte: de hecho, un programa típico de sábado por la noche, es
tomar un baño de vapor seco entre las ocho y once de la noche. En sintonía con el progresismo
de la región, los saunas son mixtos y el código de vestimenta exige un traje de baño. «Puedes ir
al vapor y refrescarte las veces que quieras. No hay reglas: lo que sientas cómodo será lo apropiado. Buena compañía, bebidas frías y un sauna caliente es la combinación perfecta para
sentirse renacido».

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