Arte y Vida20 May, 2019

Historias compartidas | La Bienal de Chicago

El 19 de septiembre se inaugurará la tercera edición de la Bienal de Arquitectura de Chicago,
uno de los principales foros internacionales para reflexionar sobre el papel que juegan la
arquitectura y el urbanismo en nuestras vidas.

Por Marco Hernández Talamantes

Se llama Yesomi Umolu y nació en Lagos, Nigeria, pero la directora artística de la tercera edición de la Bienal de Arquitectura de Chicago rechaza que esa condición haya determinado su propuesta curatorial para el evento.
El título mismo de la bienal de 2019, …and other such stories, refleja la perspectiva desde la que Umolu prefiere abordar este encargo y toda su práctica profesional, que hoy realiza como directora y curadora de exposiciones del Logan Center de la Universidad de Chicago. Nacida en África, mudada a Londres con su familia cuando tenía diez años de edad, con estudios en arquitectura y después en arte contemporáneo, y una vida profesional que ha transcurrido
entre instituciones de Europa y Estados Unidos y que la ha convertido en una viajera constante
por todo el mundo, Yesomi responde, contundente, cuando la revista Architectural Record
pregunta por la influencia que tiene su ciudad natal en la manera en que ve la arquitectura: «No podría decir que nada de lo que hago se deba específicamente al hecho de que haya nacido en Nigeria. Lo que yo hago se debe, en todo caso, al hecho de que me veo a mí misma como una ciudadana global, y a que entiendo que estar y trabajar en Chicago tiene que ver con el hecho de estar conectada con diferentes centros globales».
Son esas la «otras historias similares» a las que alude el título de la bienal, a la que ya ha sido convocado un primer grupo de 51 personas y colectivos originarios de 19 países que intervendrán durante cuatro meses el Centro Cultural de Chicago pero también, y de manera especial, distintos espacios públicos de la ciudad, para provocar a habitantes y visitantes con sus propuestas arquitectónicas y artísticas sobre temas relevantes hoy para muchas metrópolis del mundo; desde el papel de la arquitectura y el urbanismo en la preservación del medio ambiente hasta las nuevas alternativas para la vivienda social en un mundo marcado por la migración y la multiplicación de los estilos de vida.
Chicago parece un escenario ideal para explorar esa visión global desde lo local. Leer la postura de Umolu me recordó la tarde en la que los gritos entusiastas en italiano al interior de un restaurante de pizza y pasta llamaron la atención de todos los comensales hacia la quinceañera morena que aprovechaba los semáforos en alto en la intersección de las avenidas Damen, Milwaukee y North, en el gentrificado barrio de Wicker Park, para tomarse una foto con su vestido de gala, de enorme falda compuesta por varias capas de tul en color vino tinto, teniendo como telón de fondo la fachada Art Deco de la Northwest Tower, un rascacielos de doce pisos construido en 1929 para funcionar como edificio de oficinas y hoy transformado en el hotel The Robey.

—Con la ayuda curatorial de Sepake Angiama y Paulo Tavares, ambos arquitectos de formación
pero con prácticas que van más allá de lo constructivo, Umolu definió un programa que coloca
el foco de la reflexión en los flujos de personas y bienes; en la interacción entre cuerpos humanos, naturaleza y tecnología; en la intersección de pasado, presente y futuro, y no en la exploración de propuestas formales. Se trata de una propuesta agrupada en cuatro ejes
generales.
Un eje se titula «No Land Beyond» (No hay territorio más allá) y está destinado a reflexionar
sobre la relación entre naturaleza, sociedades y entornos construidos, desde una perspectiva
que privilegia el lugar del paisaje, de la tierra, en las cosmologías indígenas y las ecologías
sociales contemporáneas.
El papel que ocupa el territorio natural y construido en el imaginario y las estrategias de los
movimientos sociales será el tema del eje titulado «Rights and Reclamations» (Derechos y
reclamos), que refleja, junto con el primer eje, las preocupaciones centrales sobre las que ha
trabajado Paulo Tavares entre Brasilia y Quito, teniendo como uno de sus principales objetos de
estudio al Amazonas.
Nada más pertinente para una ciudad como Chicago, que vive atravesada por un río y de cara al
lago .
Por su parte, el tercer y cuarto ejes temáticos que organizan la bienal, «Apperances and
Erasures» (Apariciones y borraduras) y «Common Ground» (Campo común) parecen responder
de manera prioritaria a la experiencia de Sepake Angiama, quien ha centrado su práctica
profesional en el desarrollo de proyectos que mezclan educación, arte para explorar la manera
como nos relacionamos con otros en estructuras construidas en el pasado configuran nuestra
visión del futuro. En Documenta 14, quizá el evento artístico más influyente del mundo,
Angiama organizó todo el programa educativo en torno a tres preguntas: «¿qué cambia?, ¿que
deriva hacia otras cosas?, ¿que permanece?» No extraña, entonces, que la Bienal de Chicago
vaya a preguntarse por apariciones y borraduras en el espacio común construido, y menos
porque ese ha sido un tema recurrente en la historia de la ciudad, que fue casi borrada del
mapa por un incendio ocurrido en 1871, que respondió a eso con la construcción de los primeros rascacielos en el mundo, que convirtieron a la Escuela de Arquitectura de Chicago en una referencia global y que a partir de entonces no ha dejado de reinventarse económica, social y urbanísticamente, al grado de haber sido la sede de una segunda Escuela de Arquitectura de
Chicago, esta vez a mediados del siglo pasado, bajo la influencia de Mies van der Rohe.
Cuatro ejes a los que Umolu les ha impuesto además la meta de superar el medio millón de
asistentes alcanzado por la edición anterior, porque para ella la bienal tiene dos imperativos:
«reflejar ideas que sean pertinentes para arquitectos, artistas y diseñadores que están
trabajando hoy pero también reflejar las preocupaciones y perspectivas de los ciudadanos
comunes y corrientes cuyas vidas están conformadas en buena medida por el ambiente
construido».

—Entre las decenas de entrevistas que Yesomi Umolu ha dado después de su nombramiento, una termina con la pregunta sobre su lugar favorito en Chicago; ella responde con un momento,
mas que con un lugar: «cuando estás de pronto en la mitad de la ciudad y tienes frente a ti la verticalidad de los rascacielos junto a la horizontalidad del río. Esa es una yuxtaposición que me
resulta realmente interesante». Leer eso me hace recordar mi última tarde en Chicago, bebiendo una copa de vino barato (pagada a precio de un reserva) en una terraza frente al río Chicago, con vistas a las dos torres circulares de Marina City diseñadas por Bertrand Goldberg en 1962 y el edificio creado por Mies van der Rohe para IBM en 1973. Pienso que no puedo estar más de acuerdo con ella•, y pienso también que para eso sirven los curadores y las bienales: para hacer que uno vea el trabajo de los demás y su propia experiencia con ojos frescos, para obligarnos a explorar nuevas perspectivas.