Edición impresa3 June, 2019

Marisol Centeno | Lo útil y lo bello

Por Milagros Belgrano Rawson

Desde niña, Marisol Centeno tuvo claro que su pasión por los textiles no la llevaría por el camino de la moda. Diplomada en Diseño Textil, siempre estuvo convencida de que el diseño es una herramienta de transformación social que une lo útil y lo bello en pos de una mejora en lo cotidiano. Recién egresada de la universidad, su primer empleo fue en una fábrica en la que sus buenas intenciones y bagaje teórico no tuvieron eco. Desencantada por esta experiencia, renunció para abrir su estudio de diseño, en el que nació Bi Yuu, marca de tapetes hechos a mano por artesanos oaxaqueños. «Buscamos generar relaciones a largo plazo con quienes tejen estas piezas respetando sus tradiciones, sin descuidar la innovación y la calidad», explica esta joven de 33 años.


Surgida en 2012, Bi Yuu ha tenido un crecimiento constante: «Honramos nuestro compromiso con las comunidades locales, pero tenemos claro que la marca debe ser rentable», sostiene al tiempo que enumera las ventajas de la lana con que la que tejen: «Es durable, reciclable, suave y calientita, absorbe humedad y ruidos, no contamina y es retardante de fuego ya que por ser una fibra animal tiene contenido graso». Después del hilado y el teñido con tintes naturales, pasa al telar, donde sucede la magia, siempre respetando topes de producción, porque «no queremos ser una maquila», explica. El resultado son tapetes de diseño de gran tamaño, que visten residencias privadas, tiendas y hoteles de lujo.


Mientras muchos fundan sus emprendimientos en compañía, Marisol estableció Bi Yuu sin socios ni inversores: «Creo que no existe una fórmula para emprender», cuenta la artífice de esta firma, cuyo taller se encuentra en Teotitlán del Valle, en Oaxaca. Allí trabajan 32 artesanos, la mitad mujeres zapotecas que buscan revertir el statu quo del pueblo, controlado por hombres, sobre todo en el plano económico. «Muchas de las mujeres que trabajan en Bi Yuu han logrado puestos de dirección», rescata Marisol, mientras destaca que el corazón de su taller, el telar a pedal, es un oficio históricamente reservado a los varones, sobre todo por lo pesado de la tarea —cada telar es operado por dos o tres personas—. Así que nada hay de inclusión o exclusión: todo se trata de «identificar las fortalezas de cada sexo y visibilizarlas».

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